La carta de los 11, los argentinos que apoyaron a Maradona

 

Inicios de agosto de 1992, por primera vez todos los futbolistas argentinos del fútbol italiano se unen para una causa en común, liberar a Diego Armando Maradona de la disciplina del Napoli. En los prolegómenos de la 1992-1993 las estrellas argentinas que militaban en Serie A y B firmaron una carta abierta al presidente del Nápoles, Corrado Ferlaino, para pedirle la liberación del 10 a un año vista de la finalización de su contrato.

Un auténtico certificado de solidaridad para ver al mejor jugador del mundo feliz de nuevo sobre un terreno de juego, un documento sencillo, escrito con el corazón que firmaron futbolistas como Balbo, Berti, Batistuta, Caniggia, Chamot, Dezotti, Rodríguez, Ruggeri, Sensini, Troglio y Zárate. A pesar de lo fácil que parece hoy día que los jugadores argentinos apoyaran a Diego en aquel momento tan difícil, fue algo que incluso sorprendió al propio Diego. El 10 en una entrevista concedida unas semanas antes denunciaba que jugadores uruguayos del calcio le explicaban que sus compatriotas argentinos no se querían hacer fotos con él por miedo a la repercusión mediática que podía tener, tras el escándalo del dopaje y posterior inhabilitación.

 

 

La carta firmada por los 11 argentinos del calcio no sirvió para liberar a Maradona, pero sí para mediatizar aún más el caso. Corrado Ferlaino solamente acabó claudicando un 23 de septiembre de 1992 bajo la neutralidad suiza de la sede de la FIFA en Zúrich. El Sevilla pagó al Napoli de Corrado Ferlaino 7,5 millones de dólares. Maradona vivió así uno de los días más felices de su vida y, al tiempo que despejaba las dudas sobre su forma física, «estoy para jugar 45 minutos, pero, si me apoya, el público me dará el aire que me falta».

Más de tres horas de intensa negociación duró la reunión de Zúrich. Con el secretario general de la FIFA, Joseph Blatter, como anfitrión, los presidentes del Sevilla, Luis Cuervas, y del Nápoles, Corrado Ferlaino, se encontraron a las 10 de la mañana y protegidos ambos por los dirigentes de sus federaciones, Ángel María Villar y Antonio Matarrese, y sus asesores jurídicos: Roberto Montemurro y Franco Canpanelli, el italiano, y José María del Nido, a su vez vicepresidente del Sevilla, el español. Maradona despertaba a esa hora en su hotel sevillano. Acompañado de su esposa, Claudia, y del jugador sevillista Diego Rodríguez, visitaba a continuación uno de los chalés que podrían ser su residencia definitiva. Tras ello, el gimnasio, donde, tras cada ejercicio, Diego se dirigía expectante a los periodistas argentinos, italianos y españoles que les seguían a todos los sitios: «¿Se sabe algo ya?». Las respuestas eran siempre negativas.

 

 

En Suiza, los minutos que pasaban daban idea de lo ardua de la negociación entre dos hombre duros y expertos. Una rápida salida de Ferlaino de la sala del cónclave hacía temer lo peor al filo del mediodía, pero su rápido regreso renovó las esperanzas de entendimiento.

Maradona regresaba entonces al hotel, donde le aguardaban sus asesores, sus hijas, Dalma y Giannina; su mujer, su suegra y don Diego, el patriarca de la familia, con quienes compartió el almuerzo. Eran las 14.55 horas y el teléfono ponía en comunicación a Marcos Franchi, su apoderado, que dirigió meticulosamente su vuelta al fútbol, que le abrazó al salir de la cárcel bonaerense y que no se separó de él desde que en abril de 1991 fuese suspendido durante 15 meses por la federación italiana por doping de cocaína en un control realizado por el calcio. Cuervas comunicaba el acuerdo y en la mesa de los Maradona vibraron todas las copas en medio del júbilo de los comensales. El jugador debutaría el lunes, día 28, en un encuentro amistoso con el Bayern Múnich.

 

 

Ochenta y ocho días de sufrimiento en el exparaíso maradoniano

Cuervas lograba, tras 88 días de contactos y negociaciones, que Ferlaino estampara su firma en un documento por el que el club napolitano traspasa a Maradona por 7,5 millones de dólares (unos 750 millones de pesetas) y le libera del compromiso suscrito hasta junio de 1993, así como de todas las deudas contraídas con él y la federación italiana. El Sevilla desembolsará un pago inicial de 300 millones la próxima semana y completará el resto en cuatro plazos semestrales sin intereses.

El tercer traspaso de Maradona, pese a los avatares y polémicas que le rodearon, superó nuevamente los siete millones de dólares, un número que parecía traerle suerte. Cuando en 1982 llegó al Barcelona, el club catalán pagó casi ocho millones de ellos, que se repartieron el Boca Juniors, en el que jugaba, y el Argentinos Juniors, que había cedido parte de sus derechos al primero. En junio de 1984, su transferencia al Nápoles supuso un desembolso de otros 7,5 millones, la misma cifra que, tras 19 meses inactivo y 3.001 días como jugador del Nápoles, pagó el Sevilla.

 

 


Paola Murrandi